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La Coctelera

Lenguas Revueltas

Cada lengua tiene sus términos para nombrar todo aquello que conocemos y entre ellos están los nombres de las ciudades, regiones y paises del mundo. Por ejemplo, nosotros llamamos Inglaterra lo que para los ingleses es "England". Ese es el término de su idioma para nombrar su país. Pues bien, tanta obviedad no es gratuita. La utilizo para resaltar un error un tanto sorprendente, absurdo y que está de absoluta actualidad en los medios de comunicación.

Seguro que levantarían una ceja de asombro si escucharan al presentador del telediario decir lo siguiente:

"El presidente del gobierno español acaba de llegar a Madrid en un avión procedente de London, después de su visita oficial a England"

¿Verdad que resultaría insólito? Sería quizás para pensar que dicho presentador es un gracioso en intenta llamar la atención. Y ahora me pregunto:

¿Por qué, por ejemplo, encontramos al hombre del tiempo diciendo que habrá nubosidad variable en Lleida si en español el nombre de la provincia es Lérida? ¿Por qué llueve en A Coruña y no en La Coruña? ¿Acaso es más correcto? ¿Quién promueve ese uso? ¿Con qué fin?

Creo que todo esto es una confusión creada por en pro de esa diversidad cultural y multiligüística que nunca se verá amenazada porque en España se siga hablando español así como en Cataluña se habla catalán. Si afortunadamente las diferentes lenguas en nuestro país se llevan tan bien juntas ¿por qué usarlas revueltas?

Arrobos y arrobas

En estos tiempos tan modernos que corren, para no quedarse atrás en progresismo y educación hay que apuntarse al carro de la igualdad lingüística. Así que ya tenemos a nuestros políticos, en primera fila y dando ejemplo dirigiéndose al público con una nueva retórica que pretende librar a la mujer de una discriminación histórica propia de nuestra lengua española.

Resulta, según esta corriente de pensamiento, que cuando nos dirigimos a “todos” nos referimos sólo a los de género masculino. Aunque ya nos enseñaron de pequeñitos y es sabido por las normas de la Real Academia que ese plural incluye a ambos. Pero como hay que abanderar la igualdad de géneros y luchar contra esta grave injusticia, los más adelantados y las más adelantadas (valga como ejemplo) proponen algunas soluciones la mar de ingeniosas que ya empiezan a hacerse populares.

El ejemplo anterior, como vemos, nos obliga a poner los sustantivos y adjetivos en ambos géneros. Como resultado podemos anticipar un alargamiento considerable de cualquier texto que redactemos y un estilo que, sin duda, sería un tostón por el interminable efecto eco de nombrar ambos géneros para todas las palabras que lo dispongan.

Entonces es cuando llega la genialidad de hacer este asunto más amable y menos engorroso. Para acortar el asunto tenemos dos posibilidades, la oficial y la popular. La oficial podemos verla ya en numerosos impresos y consiste en poner una barra inclinada detrás del injusto plural seguida de la terminación propia del femenino, por ejemplo: “ciudadanos/as”. Ahora que la herramienta de corrección de Microsoft me acaba de subrayar en rojo dicho uso, me pregunto: ¿cómo debemos leerlo? Se me ocurren tres posibilidades.

1) Podemos leer “ciudadanos y ciudadanas”. No sonaría muy mal, pero de nuevo estamos ante el problema anunciado; se alargarían notablemente las frases.
2) Podemos leer “ciudadanos, as” pero casi sonaría como tartamudo
3) Podemos leer “ciudadanos, barra, as” y entonces pareceríamos un robot.

Comprenderán por lo comentado que no me satisface ninguna de las tres. Pero, claro, aquí no termina la cosa. Queda la solución popular, que ya habrán tenido ocasión de leer en algún email y alguna campaña publicitaria, de algún organismo público probablemente. Me refiero a nuestra querida arroba (@). Con lo cual el término quedaría escrito ciudadan@s. Y permítanme preguntar de nuevo: ¿eso cómo se lee? ¿Ciudadanas, ciudadanos, ciudadanoas o ciudadanaos?

La cuestión de fondo sin embargo es ¿es realmente molesto e injusto el uso actual de los plurales y los géneros en el español? ¿Se sentirán discriminados los hombres por que les llame “atletas” y “periodistas” y no “altletos” y “periodistos”?

Ante tanta ridiculez, no estaría de más saber también cuántas mujeres son las que realmente se sienten discriminadas por el uso que hasta ahora se le ha dado a los plurales en español. Porque, sin tener datos estadísticos, apostaría a que son una pequeña minoría las que están abanderando esta causa, quizá por un afán de sentirse útiles en la lucha por la igualdad de la mujer. Desde luego que comparto este fin último pero discrepo en trasladarlo a este aspecto del lenguaje. Vayamos a luchar en aspectos más serios como el respeto y la renuncia a la violencia.

Así que, mientras pueda entenderme con los demás, no voy a distinguir entre arrobos y arrobas ni añadiré sufijos con barra a mis palabras.

Saludos a los que se sientan incluidos en la palabra “todos”.

Menos fútbol y más deporte

En general podría decir, como mucha gente en este país, que me gustan los deportes; practicar alguno que me permita la edad y ver aquellos que me parecen interesantes. Pues bien, como el título ya deja entrever la línea de esta opinión voy a hacer mención al deporte rey y no para destronarlo pero sí quizá para bajarlo del pedestal en el que los medios informativos lo han subido.

Cuando en televisión anuncia el presentador que pasan al tiempo de la información deportiva es más bien una media verdad. Sería mejor que dijeran "Y ahora, la información futbolística... y luego algo de otros deportes". Con la cantidad de competiciones que concurren en algunas jornadas es prácticamente escandaloso el tiempo que dedican al fútbol. Si se jugaran partidos todos los días, lo entendería. Lo que no entiendo es que empiecen a hablar de un Madrid-Barça dos semanas antes de que se celebre, ni que comenten el menú que tomaron el día anterior los jugadores de la selección. Las informaciones previas a un partido deberían limitarse a las alineaciones de los equipos. Lo demás, sobra. Si no están de acuerdo, reflexionen un momento conmigo acerca de las declaraciones de los futbolistas y los entrenadores, propiciadas eso sí por las recurrentes preguntas de relleno de los periodistas.

Pregunta: ¿Quién parte como favorito?
Respuesta: Los otros, claro.

Esta respuesta, es curioso, pero no falla. Hay tres motivos:
1) Juegan en su campo.
2) Llevan una buena racha.
3) Llevan una mala racha... y necesitan ganar.

P: ¿Cómo ves al rival?
R: Es un equipo difícil, tiene buenos jugadores y tendremos que luchar para sacar un buen resultado.

P: ¿Con qué mentalidad vais a afrontar el partido?
R: Vamos a salir a ganar, tenemos confianza.

P: ¿Cómo habéis encajado esta derrota?
R: Ha sido un lástima, hemos luchado hasta el final pero el fútbol es así. Hoy no quiso entrar el balón. Pero tenemos que seguir trabajando para estar ahí.

En fin, la lista de preguntas previsibles y respuestas diplomáticas podría extenderse eternamente pero es suficiente para darse cuenta de la insustancialidad de las mismas. Tan sólo un político podría superar este arte de hablar y no decir nada.

Y claro, después de ese monográfico de "futbolitis aguda" dejan un par de minutos para comentar lo acontecido en baloncesto, tenis, ciclismo, vela y otros. Es decir, unos segundos para cada uno.

¿No sería mejor repartir un poco el protagonismo? Creo el reinado del fútbol se está convirtiendo en una monarquía absoluta y como demócrata expreso mi queja desde este palco virtual que me ofrece mi página.

Alianzas Políticas

Imaginen el siguiente escenario deportivo: última jornada de la liga de fútbol en España, el Real Madrid conquista la primera posición de la tabla, con 75 puntos. Los seguidores blancos celebran el resultado en casa y se disponen a salir a la calle a celebrarlo cuando atónitos reciben por televisión una triste noticia. Valencia y Villareal, segundos y terceros respectivamente en la clasificación, han decidido unirse y sumar sus puntos, 88 en total, de manera que como coalición superan al Real Madrid y coparten así la copa de campeones de liga.

¿Les parece esperpéntico este escenario? Pues sería perfectamente posible si aplicáramos las mismas normas que rigen la política española.

En este país no gobierna quien más votos saca sino quien mejor saber buscar aliados. Una coalición de partidos es perfectamente legal y sería legítima a mi entender si dicha alianza se estableciera previamente a las elecciones, de manera que el votante fuera plenamente responsable de su voto. En el símil del fútbol ¿estarían de acuerdo los aficionados de ambos equipos en llevarse sólo medio trofeo a sus vitrinas? ¿aceptarían los del Madrid el resultado final? En el caso de la política me parece una tomadura de pelo a la voluntad popular que sólo puede traer resultados como el famoso tripartito catalán.

Sin duda, es uno de los síntomas de que algo debe cambiar en nuestro sistema político. Lo malo es que son ellos mismos quienes deben hacerlo y la pregunta es ¿están realmente interesados?