En estos tiempos tan modernos que corren, para no quedarse atrás en progresismo y educación hay que apuntarse al carro de la igualdad lingüística. Así que ya tenemos a nuestros políticos, en primera fila y dando ejemplo dirigiéndose al público con una nueva retórica que pretende librar a la mujer de una discriminación histórica propia de nuestra lengua española.
Resulta, según esta corriente de pensamiento, que cuando nos dirigimos a “todos” nos referimos sólo a los de género masculino. Aunque ya nos enseñaron de pequeñitos y es sabido por las normas de la Real Academia que ese plural incluye a ambos. Pero como hay que abanderar la igualdad de géneros y luchar contra esta grave injusticia, los más adelantados y las más adelantadas (valga como ejemplo) proponen algunas soluciones la mar de ingeniosas que ya empiezan a hacerse populares.
El ejemplo anterior, como vemos, nos obliga a poner los sustantivos y adjetivos en ambos géneros. Como resultado podemos anticipar un alargamiento considerable de cualquier texto que redactemos y un estilo que, sin duda, sería un tostón por el interminable efecto eco de nombrar ambos géneros para todas las palabras que lo dispongan.
Entonces es cuando llega la genialidad de hacer este asunto más amable y menos engorroso. Para acortar el asunto tenemos dos posibilidades, la oficial y la popular. La oficial podemos verla ya en numerosos impresos y consiste en poner una barra inclinada detrás del injusto plural seguida de la terminación propia del femenino, por ejemplo: “ciudadanos/as”. Ahora que la herramienta de corrección de Microsoft me acaba de subrayar en rojo dicho uso, me pregunto: ¿cómo debemos leerlo? Se me ocurren tres posibilidades.
1) Podemos leer “ciudadanos y ciudadanas”. No sonaría muy mal, pero de nuevo estamos ante el problema anunciado; se alargarían notablemente las frases.
2) Podemos leer “ciudadanos, as” pero casi sonaría como tartamudo
3) Podemos leer “ciudadanos, barra, as” y entonces pareceríamos un robot.
Comprenderán por lo comentado que no me satisface ninguna de las tres. Pero, claro, aquí no termina la cosa. Queda la solución popular, que ya habrán tenido ocasión de leer en algún email y alguna campaña publicitaria, de algún organismo público probablemente. Me refiero a nuestra querida arroba (@). Con lo cual el término quedaría escrito ciudadan@s. Y permítanme preguntar de nuevo: ¿eso cómo se lee? ¿Ciudadanas, ciudadanos, ciudadanoas o ciudadanaos?
La cuestión de fondo sin embargo es ¿es realmente molesto e injusto el uso actual de los plurales y los géneros en el español? ¿Se sentirán discriminados los hombres por que les llame “atletas” y “periodistas” y no “altletos” y “periodistos”?
Ante tanta ridiculez, no estaría de más saber también cuántas mujeres son las que realmente se sienten discriminadas por el uso que hasta ahora se le ha dado a los plurales en español. Porque, sin tener datos estadísticos, apostaría a que son una pequeña minoría las que están abanderando esta causa, quizá por un afán de sentirse útiles en la lucha por la igualdad de la mujer. Desde luego que comparto este fin último pero discrepo en trasladarlo a este aspecto del lenguaje. Vayamos a luchar en aspectos más serios como el respeto y la renuncia a la violencia.
Así que, mientras pueda entenderme con los demás, no voy a distinguir entre arrobos y arrobas ni añadiré sufijos con barra a mis palabras.
Saludos a los que se sientan incluidos en la palabra “todos”.